Si había algo que le faltaba a este Mundial para tenerlo todo era la polémica. Más allá de los groseros errores arbitrales de los primeros partidos, faltaba algo que nosotros, los que tenemos el placer de vivir esta edición en vivo, estemos seguros que será objeto de conversación en generaciones futuras. Algo que no pasó nunca en un Mundial y que da tela para debatir y llenar horas y horas de programas radiales y televisivos. Luis Suárez, por lejos la figura de Uruguay que logró una histórica clasificación a octavos de final, mordió al defensor italiano Giorgio Chiellini en el medio del último partido del grupo D. El árbitro no lo ve. Por lo tanto, no lo expulsa, el partido sigue y Uruguay deja afuera del Mundial a Italia. Sin embargo, dos días más tarde llegó la sanción para el delantero de Liverpool. 4 meses de inactividad deportiva, nueve partidos de suspensión con el seleccionado uruguayo, 112 mil dólares de multa, y la imposibilidad de permanecer en la concentración ni asistir a los partidos como un hincha más.
Antes de objetar la decisión final de la FIFA, cabe aclarar que nadie cuestiona que lo que hizo Suárez está mal. Fue imprudente, innecesario (la jugada estaba lejos de ellos, no intentó anticipar ni descartar a Chiellini para conseguir el balón en área rival) y antideportivo. No creo que nadie, ni siquiera los compañeros del delantero, sabe realmente qué quiso hacer Suárez al morder al defensor italiano. Un jugador excelente, que demostró que es capaz de ponerse a su equipo al hombro y cambiar la historia de un partido en dos minutos de brillantez ofensiva, pero que luego comete esta locura digna de un nene de 11 años que recién empieza a patear la pelota y no sabe cómo manejar su ira.
Está claro que nadie piensa que la FIFA debería haber dejado pasar lo que hizo Luis Suárez. Para nada, eso sería también un error. Pero mandar a un jugador al exilio futbolístico por cuatro meses es demasiado. Si la FIFA pretendía seguir pregonando su lema de "fair play", que es totalmente lícito, con evitar que Suárez juegue el resto del Mundial bastaba. "No se puede tolerar este tipo de comportamiento en un terreno de juego, especialmente durante la Copa Mundial, cuando millones de personas tienen la vista puesta en los jugadores" argumentó el Comité Disciplinario en la sanción al uruguayo. Sin embargo, resulta curioso cómo la FIFA se indigna y condena en casos como éste y hace la vista gorda en casos de mucho más renombre. Pongamos por caso el famoso cabezazo que Zinedine Zidane le propinó a Marco Materazzi, mientras jugaba la final del Mundial de Alemania 2006, con todo lo que significa jugar la final de un campeonato del mundo. El francés recibió la tarjeta roja por parte del árbitro argentino Horacio Elizondo y tres fechas de suspensión. Ninguna multa, nada de "inactividad deportiva" por determinada cantidad de tiempo, a sabiendas de que el ex jugador de Real Madrid se iba a retirar de todas formas. Como frutilla del postre, la FIFA entregó a Zidane el premio al mejor jugador del torneo después de haber cometido semejante falta antideportiva. Cuatro años más tarde, también en la final del torneo, la mil veces repetida patada al pecho al mejor estilo kung fu de Nigel De Jong a Xabi Alonso no recibió ni siquiera la sanción de tarjeta roja. Hay ejemplos incluso en esta edición, el manotazo y posterior cabezazo de Pepe a Thomas Muller, la falta sin pelota de Mamadou Sakho a Oswaldo Minda, Kyle Beckerman a Raúl Meireles,. En fin, todos jugadores europeos que cometieron faltas dignas de una sanción aunque sea cercana a la que recibió Luis Suárez. El Mundial pierde un excelente jugador, por culpa suya y de la FIFA que no termina de decidirse en hasta dónde llega su moral deportiva.
Fuentes:
Pablo Cheb Terrab para Un Caño: http://bit.ly/1qPX1cv
Germán Esmerado para Goal: http://bit.ly/1pX4K6U

