La AFA,
encabezada por Julio Humberto Grondona, se caracterizó por problemas de
gestión, malas decisiones y por los confusos -siendo generosos- manejos de
dinero. En el último tiempo las decisiones erróneas abarcaron todos los ámbitos
relacionados al fútbol, desde la parte económica hasta la forma de entrar a la
cancha. Conocida es la impunidad con la que se desvía la plata que genera el
fútbol hacia el bolsillo de los dirigentes dejando destruidos a los clubes.
Como olvidarse del AFA PLUS, la famosa
solución para entrar a la cancha de forma segura y de dejar afuera a las barras
bravas, con la que molestaron por meses a miles de socios para que vayan a
hacer un tedioso trámite que obviamente no prosperó. Lo más fresco en nuestra memoria seguramente
sea el episodio relacionado a la reventa de entradas durante el Mundial. Estos,
entre tantos otros, son los hechos que ensucian a la dirigencia del fútbol. Pero
entre tantas malas aparece un oasis, la Copa Argentina. Una competición
que no pareciera haber sido pensada por los mismos que se están encargando de
destrozar el deporte que más nos apasiona.
La
Copa Argentina,
por más que no sea una idea made in AFA,
es un torneo muy bien pensado y que colabora con la famosa y antigua idea de
federalizar el fútbol. Hay que reconocer que entre tantas malas, la puesta en
marcha de esta competencia es un acierto de quienes dirigen el fútbol desde el
escritorio. La participación que antes
tenían los clubes denominados chicos con el Torneo Nacional (que terminó a
comienzos de los `90 con la aparición de los torneos de 19 fechas) la pueden
tener hoy en esta copa. Permite, y enhorabuena, a clubes del interior
enfrentarse con los equipos de primera y lograr una difusión que nunca
obtendrían en sus respectivas ligas. El premio económico por ir avanzando de
fase sirve como motivación extra para los clubes del ascenso y les brinda una
suma de dinero que puede significar algo importantísimo para ellos. Puede ser
que por eso resulte una competición más atractiva para las instituciones más
chicas ya que es mucho lo que tienen para ganar tanto en el ámbito económico
como deportivo.
Otro
de los aspectos a rescatar es que los partidos se juegan en cancha neutral y
muchas veces es en lugares en los que su población no está acostumbrada a recibir
estos encuentros. Esto le permite a la gente del interior, que solo puede
apreciar a sus ídolos a través de un televisor, ver a su equipo dentro de un
estadio. Es una excelente oportunidad para que todos puedan tener la chance de
alentar a su club desde la tribuna y no desde su casa. Esto, al mismo tiempo,
puede ser un factor negativo porque hay partidos que se dan entre dos clubes de
la misma provincia o inclusive de la misma ciudad y se tienen que movilizar
miles de kilómetros para jugar un encuentro que bien podría haberse hecho en el
lugar de donde provienen.

La Copa
Argentina era un torneo olvidado después de tantos años de inactividad y hoy es
importante hasta para los equipos más grandes. Pregúntenle a Bianchi por
ejemplo si no le hubiera gustado ganar la Copa y clasificar directamente a la
Copa Libertadores. Mucho más para clubes en quiebra. Integra a los equipos
marginados, los ayuda a sobrevivir y a escribir su historia más allá de sus
ligas. Pongamos como ejemplo a Estudiantes de Buenos Aires. El año pasado tuvo
la posibilidad de enfrentar a River Plate, el club con más títulos en la
historia del fútbol argentino. Salió a comerse la cancha y le ganó. Hace tres
años, ni el hincha más optimista del pincha porteño hubiese soñado con ganarle
a River. Hoy es posible. Hace pocos días, eliminó a Vélez Sarsfield. Hoy ese
hincha tiene dos partidos que jamás olvidará y sueña con jugar la Copa
Libertadores. Como si fuera poco, este torneo le da la chance a los juveniles
para mostrarse cuando los equipos de primera deben hacer recambio porque están
jugando dos o tres competencias. Podemos denostar con razón a la AFA por horas,
pero hay que reconocer que con la Copa Argentina le regalaron a nuestro fútbol
una emoción distinta y espectacular.

Santiago García