“Los empresarios lo compran, lo
venden, lo prestan, y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y
más dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está”
El fragmento
del texto “El jugador” de Eduardo Galeano, habla un poco de lo que se negó a
ser Tomás Felipe Carlovich. Nacido en
Rosario, una ciudad que emana fútbol, nunca quiso entregarse a la vida del
jugador profesional. Continúa Galeano: “Sometido
a disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y
se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que
olvidan el dolor y mienten la salud. Y en las vísperas de los partidos
importantes, lo encierran en un campo de concentración, donde cumple trabajos
forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo”. Más
allá de que el autor uruguayo lleva el caso a un extremo, desde esta
perspectiva se puede entender la decisión del hombre más conocido como el
Trinche.
Tomás
Carlovich se divertía jugando al fútbol. Disfrutaba como un chico de ser el
mejor de todos, de dar el pase justo, de mandar la pelota al fondo del arco. Si
en la tribuna había treinta mil personas o cuarenta, daba lo mismo. El potrero
y el estadio no se tocan en ningún momento. En el medio de esa transición hay
mucho sacrifico, muchas cosas que el Trinche no quiso abandonar. ¿Y quién puede
culparlo? Más allá de que pueda ser considerado como un desperdicio para el
fútbol argentino, la vida del jugador profesional no es el sueño que muchos
dibujan.
Era un
jugador elegante y habilidoso, pero algo displicente. Alérgico a la
responsabilidad que conlleva ser un jugador de Primera, Carlovich encontró su lugar en el mundo en la
cancha de uno de los equipos más humildes de Rosario: “Jugar en Central Córdoba
para mí fue como jugar en el Real Madrid” confiesa el Trinche, analizando su
historia. En Central jugó un par de partidos en Primera, pero lo dejaron libre
debido a su actitud rebelde. Colón e Independiente de Rivadavia también
vivieron su magia, pero nunca salió del país.
Como todo
jugador que es recordado más de 25 años después de su retiro, tuvo su momento
de gloria. En el caso de Carlovich, no se trató de coronarse campeón del mundo,
ni de ganar el balón de oro. En una gira previa al Mundial de Alemania 1974, la Selección argentina
viajó a Rosario a enfrentar a un combinado de la ciudad. Los entrenadores de
Rosario Central y de Newell’s armaron un equipo para la ocasión. A la cancha
salieron diez jugadores de Primera División (entre ellos Mario Kempes y el Cai
Aimar) y uno que la rompía en la B Metropolitana :
Tomás Carlovich. Tanto los diarios de la época, como los testigos de ese
partido dan fe de lo sucedido: Rosario bailó a Argentina. Con Carlovich como
director de la orquesta, el seleccionado de la ciudad se impuso 3-1 ante el
seleccionado argentino. Aldo Pedro Poy, que jugó para Argentina dijo: “Si
hubiesen ido ellos al Mundial, hacían un mejor papel que el que hicimos
nosotros”
Todo aquel
que lo vio jugar, no deja en duda su don. Personalidades reconocidas
mundialmente como sabios en la materia futbolística se inclinan ante él y le
brindan halagos y reconocimientos. José Pekerman: “A mí me emocionó verlo jugar
al Trinche. Era habilidoso y elegante. Casi como un artista encerrado en una
jaula”. Jorge Valdano: “Carlovich es una leyenda. Es parte de un fútbol
romántico que ya no existe. No hizo ningún esfuerzo por adaptarse al fútbol de
elite. Eso lo convierte en un símbolo”.
Carlos Timoteo Griguol, que fue su entrenador en Rosario Central: “Un fenómeno
de jugador, pero no le gustó nunca el sacrificio”. Cesar Luis Menotti: “Era un
artista y le tocó una época muy fea del fútbol argentino”. Las
palabras más significativas que se
dijeron alguna vez sobre el Trinche fueron las de Diego Maradona, el hombre al
que todavía sueña con conocer. Según cuentan las crónicas, cuando Diego llegó a
jugar a Newell’s, un periodista le confesó el orgullo por recibir en Rosario al
mejor jugador de todos. Pero él, polémico como siempre, contestó: "El
mejor jugador ya jugó en Rosario y es un
tal Carlovich".

